Si estos árboles pueden sobrevivir aquí, va a prosperar en cualquier lugar

 

Hace dos años un gran tractor estuvo cavando agujeros para un montón de árboles. Quería ser conocida como la señora (de acuerdo, mujer) que plantó árboles cuando llegó. Y mis cenizas pueden ser lanzadas a su alrededor.

Así que, entonces, no eran tan grandes ambiciones.

Sin embargo, debido a compromisos en otro lugar, y a una contundente recesión, simplemente no pude llenar todos los agujeros. Los árboles tenían que ser rústicos, o en otras palabras, adecuados al terreno de aquí, y no podía plantar demasiados árboles frutales porque los guardabosques me criticarían. Por alguna razón completamente equivocada les encanta plantar pinos no autóctonos, que crecen muy rápido y que estallarán en llamas y harán un polvorín en la ladera.

No, no y no.

Así que este año intenté espabilar y hace unos días Felix y yo fuimos a un vivero en Les Coves de Vinromà a ver qué había. Antes habíamos estado dudando sobre ello, porque hacía dos años este era un lugar triste. Tres años antes, en cambio, era lo que podríamos llamar un impresionante y serio negocio con buenos precios y un tremendo stock.

Siempre es mejor dar otra oportunidad –le dije a Félix- incluso dos – y él asintió. Así que fuimos en su vieja, blanca y descolorida furgoneta que en aquellos días, admitió, tenía los días contados. Tenía sólo 300.000 kilómetros, dijo, pero estaba destrozada de haber pasado sobre todo por caminos de montaña.

Hum.

Se destrozó de más de una forma. Era un poco como un cubo de basura ambulante, debería decir y no es un insulto. Mi propio vehículo se acerca a este estado. Os juro que he visto hierba creciendo del portaequipaje.

Sobre las 10 de la mañana fuimos traqueteando al vivero y bajamos. Una línea de orugas procesionarias se extendía por todo el parking. De hecho habían sobre unas 6 líneas en varias zonas y para el vivero no prometía nada bueno. Las consecuencias de un contacto con la oruga procesionaria son bien sabidas tanto en humanos como en animales.

(Por cierto, ¡ellas anidan en los pinos de los árboles que a los guardias forestales les gusta tanto plantar!)

Hice una foto de prisa y las bordeé nerviosamente.

Caminamos por varias carpas deterioradas donde había muchos árboles secos dispersados. Muchos estaban claramente secos, y otros no podías levantarlos por las raíces, que ya se habían metido hacía mucho en las bases de los contenedores, entrando en la tierra desesperados.

Pues sí, un lugar realmente triste, e inmediatamente pensé que no había tercera oportunidad. Seguimos rastreando tristemente. Un frío cortante acentuó el caos. No es la palabra exacta, pero me gusta como queda aquí, porque nada tenía nombres, ni precios, pero sí muchos de ellos, indicios de la deficiencia de oxígeno.

Bueno, -dije- al menos lo hemos intentado, pero vamos a ver los precios y si tienen algún ciprés más sano.

Los dos miramos a la misma hilera; en términos humanos serían descritos como vagabundos.

A este punto, la mujer del vivero más triste del mundo salió a preguntar si podía ayudarnos. Ella hablaba valenciano con un intenso acento de la zona. Desde luego, difícilmente podía entenderla, pero Felix (que tampoco es de esta zona, por cierto) sí que podía. Le preguntó sobre los cipreses. Esto es todo lo que tengo este año- dijo encogiéndose de hombros.

Había algunos de un tamaño aceptable y no demasiado muertos, aún. Los revisé cuidadosamente por si había señales de orugas procesionarias, pero sólo encontré curiosos nidos de pájaros.

¿Cuánto vale?- le pregunté a Felix.

¿Cuánto vale?- le preguntó a ella.

4 euros, y con un poco de agua volverán a estar en plena forma -respondió. Así que cogimos los 8 mejores.

Y así siguió, y cuanto más tiempo pasaba la mujer con nosotros, más servicial era, desechando algunas de nuestras elecciones y rescatando otras mejores. Respecto a las granadas, que yo adoro absolutamente por como de fácil son de cultivar y porque son muy bonitas (creo que las fábricas de azulejos abandonadas en las llanuras deberían ser reinventadas como cultivos de granadas), teníamos que avisarla un día.
Realmente necesitan agua – le dije a la mujer sin motivo- se han hecho con ellos, ¡están acabados! Sí, lo sé -dijo ella, gesticulando por allí- pero todo necesita agua y no tengo tiempo.

Y amor – añadí.

Sí, -dijo ella- amor. Yo también necesito amor.

Y aquí es cuando realmente decidí que esta mujer era de primera clase. Su vivero podría estar desintegrándose a su alrededor, pero no es mucho lo que una persona puede hacer. Su hija estaba por allí, pero no había señales de un hombre y mi imaginación se desbocó. ¿Habría muerto su marido? No lo había visto tres años antes. Mejor no preguntar.

De todas formas, ya que esto no es exactamente un anuncio, no publicaré el nombre del lugar ya que cualquiera a quien le importe, lo puede descubrir por el nombre del pueblo y eso será porque querrán ir también. Y no hice fotos de la mujer por la misma razón.

Pero puedo deciros, desde haber pensado “olvídalo en un año de domingos”, al final compramos 29 árboles por 104€ y dos que habían tirado, gratis. 8 cipreses, 15 aceitunos, 6 cerezos, un albaricoquero y un… ¡hala! No puedo recordar qué más, para ser exacta. Nunca había estado en un lugar más descuidado y nunca había tenido tan buena atención a precio de ganga. La señora era el verdadero negocio, si sabes lo que quiero decir. Ella extrajo lo poco de valor que tenía para nosotros, sin pensar en su propio beneficio.

¿Qué hicimos Felix y yo después? Bien, naturalmente nos fuimos en su traqueteante furgoneta, con árboles tristes asomando por todas partes como perros y gatos callejeros, ¡a celebrarlo! Él pidió toda una gama de tapas, una botella de vino blanco, y después me OBLIGÓ totalmente a tomar un carajillo. Era el primero que he tomado en dos años, pero tuve que tomarlo, igual que él bebe vino tinto y el blanco era por mí. Brindemos por una mañana de buenas compras -dijo él- si estos árboles no murieron allí, creo que sobrevivirán donde sea.

No podía estar más de acuerdo. Y sí, el próximo año volveremos a por más… bueno, si nuestros huérfanos triunfan.

please love me, the trees pleaded..
please love me, the trees pleaded..

Traducción español por Anna Belles

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